La placeta del Temps,
Entrevista a Victor Oliveras 10/11/2016
Víctor Oliveras (Vilanova i la Geltrú, 1955) va arribar a Cornellà amb dos anys quan el seu pare va ser traslladat de fàbrica i ha passat la seva infància i joventut al barri Gavarra.
El seu pare el va introduir en el món dels radioaficionats i de molt jove ja es va formar com a tècnic de reparació de ràdios i televisors.
L’any 1982 s’incorpora al projecte de creació d’una emissora municipal. Des d’aleshores, i fins a la seva jubilació, ha estat el cap tècnic de Ràdio Cornellà.
Despedida a Víctor
Guardo con inmenso cariño muy buenos recuerdos de Víctor, y son esos los
que me gustaría conservar cuando piense en él.
Entre nosotros nació una amistad sólida, construida sobre varios pilares que
siempre compartimos y que, además, definieron gran parte de su vida: las
telecomunicaciones, los viajes en moto y el mar.
Nos conocimos a finales del franquismo, cuando un grupo de jóvenes
decidimos montar una emisora de radio clandestina: Radio Almeda. Queríamos
comunicarnos con los vecinos, abrir ventanas, hacer oír nuestras voces. Aquella
aventura fue el comienzo de algo grande: con el tiempo, Radio Almeda se convirtió
en Radio Cornellà. Y ahí estuvo Víctor —desde el principio y durante toda su vida
profesional—, fiel a su pasión por las ondas y la comunicación.
Pero si hay algo que define a Víctor, más allá de todo eso, ha sido su actitud
ante la vida. Siempre positivo, siempre con ganas de fortalecer la amistad, siempre
encontrando motivos para disfrutar del momento. Hay una imagen suya que me
viene a la cabeza: aquel viaje en moto que hicimos cruzando Europa, desde
Cornellà hasta Dinamarca… y, que acabamos en Oslo, porque a Víctor siempre le
gustaba ir un paso más allá. Éramos solo nosotros dos y su inseparable BMW.
Quedamos para salir a las siete de la mañana, y a las siete en punto estaba delante
de mi puerta —puntual, como siempre— con dos botellas de agua congeladas y
unos bocadillos. En la primera parada, ya en Francia, mientras comíamos los
bocadillos y bebíamos el agua ya fresca, me miró y dijo con una sonrisa enorme:
“¡Me lo estoy pasando de puta madre!”. En ese instante supe que nuestra relación
en el viaje sería inolvidable. Así era él: capaz de disfrutar intensamente del más
mínimo detalle.
El mar fue otro de nuestros territorios compartidos. Le apasionaba nadar en
las calas de la Costa Brava, con sus gafas y sus aletas, explorando rincones
escondidos cuando todavía no existía Google Maps para guiarnos.
Durante varios veranos compartimos vacaciones y fines de semana
descubriendo calas y pasando buenos momentos, porque con Víctor cualquier
plan se convertía en una pequeña aventura.
Y si hay un cuarto pilar que definió su vida, sin duda fueron los amigos. Víctor
se hacía querer. Tenía esa mezcla de inteligencia, sentido del humor y cercanía que
hacía que todos nos sintiéramos cómodos a su lado. Recuerdo con emoción el
homenaje por su 60 cumpleaños que organizó su hermana Dolors: una fiesta llena
de cariño, de risas y de reconocimiento, porque todos sabíamos lo mucho que se
lo merecía, y ya éramos conscientes de los momentos difíciles que estaban por
llegar.
También ha sido muy conmovedor ser testigo del amor y la dedicación que
su hermana Dolors y su marido Josep Maria le han dedicado en exclusiva durante
estos últimos años. Su apoyo constante, su presencia y su ternura han sido un
ejemplo de amor inquebrantable, y estoy seguro de que Víctor los ha sentido muy
cerca hasta el final.
Querido amigo, te recordaremos siempre con tu sonrisa, con tu pasión por
las motos, o con tus zambullidas en el mar. Porque así eras tú: una persona que ha
sabido disfrutar la vida y contagiar tu alegría a los demás.
Gracias, Víctor, por haber formado parte de nuestras vidas. Te echaremos
mucho de menos.
Luis Campo Vidal




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