30.000 VISITAS, SI TIENES ALGO QUE PUEDAS APORTAR, PONTE EN CONTACTO CON NOSOTROS cunitmar@gmail.com

El Barrio Almeda

Contextualización del barrio Almeda

Masía Can Manso
El barrio Almeda está localizado en el municipio de Cornellá de Llobregat, el cual, a su vez forma parte de la primera corona metropolitana que envuelve la ciudad central de Barcelona. El territorio que ocupa el barrio Almeda fue inicialmente una zona especializada en funciones periféricas, dependientes de la ciudad de Barcelona.

A consecuencia de un largo proceso de transformaciones endógenas inducidas por el entorno metropolitano y los cambios socioeconómicos globales se ha configurado como una nueva centralidad periférica dentro del ámbito de la conurbación de Barcelona. Cornellá de Llobregat y el barrio Almeda son una prolongación del continuo urbano formado por la ciudad central de Barcelona y los municipios colindantes. La ciudad de Cornellá de Llobregat esta incluida en la planificación supramunicipal que se desarrollo con la aprobación del planeamiento territorial de Barcelona y área circundante plasmado en el Plan Comarcal de 1953 y posteriormente en el Plan General Metropolitano de 1976. Esta unidad se ha visto reforzada, a principios de los años noventa, con la realización del cinturón de circunvalación que envuelve la ciudad central de Barcelona y los municipios de su entorno inmediato.

Plano realizado por el arquitecto municipal en 1920
En un plano de 1923, levantado por una brigada topográfica de ingenieros a escala 1:25.000, observamos totalmente despoblado el espacio donde actualmente se asienta el barrio Almeda. En el lugar que ocupa actualmente el barrio sólo aparece un camino rural, que ostentaba el nombre de Las Marinas, camino que partía perpendicularmente de la carretera provincial que enlazaba la ciudad de Barcelona con Santa Cruz de Calafell, un municipio litoral al sur de Cataluña. Esta carretera transcurría, por en medio del espacio ocupado por la huerta, uniendo los núcleos urbanos vecinos de Cornellá de Llobregat y Hospitalet de Llobregat. El camino de las Marinas empezaba en un extremo de la finca cercada alrededor del palacio de los condes de Belloch, y terminaba en el río Llobregat que transcurre paralelamente a la carretera aproximadamente a un kilometro de distancia. Los condes de Belloch fueron durante siglos los antiguos propietarios de la mayoría de las tierras donde se acabaría asentando el barrio. En el siglo XX fueron vendiendo parte de su hacienda.

Este espacio rural era atravesado por una densa red de acequias de riego subsidiarias del Canal de la Infanta, el canal procedente del río que proveía de aguas desde 1819 estas tierras fértiles del delta. Es en medio de este espació llano y aislado formado por tierras aluviales especializado en la producción agrícola intensiva para abastecer el mercado próximo de Barcelona donde se inicio, alrededor de este antiguo camino rural, la primera parcelación que daría lugar al primer núcleo de viviendas.

Urbanización Feliu: primeras viviendas en un espacio rural 1923-1939

En junio de 1923 un propietario de suelo agrícola parceló una finca de una extensión de unos 9.300 m2, casi una hectárea de forma rectangular, que se localizaba al este del camino rural de las Marinas. Este camino recto hacía de límite occidental del terreno a parcelar, por el norte el terreno limitaba cerca de la carretera de Barcelona a Santa Cruz de Calafell. Se trazo una red viaria básica formada por seis calles perpendiculares al eje principal del que partían, el camino de las Marinas, y acabando en las huertas. La parte del camino rural que estaba dentro del perímetro a urbanizar era la calle más larga del conjunto midiendo unos 470 metros, en cambio las calles transversales sólo median aproximadamente 100 metros.

Con el soporte de las calles más meridionales del lugar, inicialmente, se establecieron unas 70 parcelas rectangulares que en su mayor parte hacían 6 metros de ancho en la parte alineada a la calle, algunas, las menos, median el doble, de profundidad medían de 15 a 20 metros, es decir, la parcela más estandard tenía una superficie de unos 100 m2. Como se escribió en el proyecto firmado por el propietario y el arquitecto municipal de Cornellá, esta iniciativa privada llevaba el nombre de “Plano de urbanización de la finca propiedad de Don José Feliu, en Cornellá”.

En el plano se observa que la única acción de planificación urbanística que se realizó fue marcar de forma ortogonal seis calles de 10 metros de ancho que partían del camino de las Marinas y acababan en la nada, un pasaje interior de 6 metros de ancho y delimitar el perímetro de las parcelas. Las susodichas calles estaban atravesadas por las acequias o bien estas transcurrían por el centro de la calle, sin preverse la construcción de puentes o su cubrimiento. En referencia a servicios básicos como el agua potable, la luz o las cloacas simplemente no existían. A su vez no estaba previsto ningún tipo de equipamiento colectivo sanitario, escolar o otros, necesario para las familias residentes, sobretodo, teniendo en cuenta que se trataba de un enclave aislado, rodeado de campo y alejado algo más de un kilometro del límite de los núcleos de población más cercanos, ni tan siquiera se acondicionaron los accesos para comunicarlo con estos.

Masia Can Manso años 50
Poco después de la parcelación los compradores de las parcelas iniciaron la demanda de los primeros permisos de construcción al ayuntamiento. Los permisos fueron otorgados con mucha diligencia por parte de los técnicos del ayuntamiento, el secretario y el arquitecto, previo pago de los arbitrios que correspondían a las tarifas municipales vigentes en el momento. El permiso es concedido, como reflejan los expedientes de obra, después de “...practicarse una inspección ocular sobre el terreno y advertido el interesado de que el proyecto debe estar en exacto cumplimento de las ordenanzas municipales vigentes, bandos de policía urbana y rural y las disposiciones en cuanto a higiene y sanidad, y de que no podrá obstruir la vía pública con materiales de ninguna clase”. Además según consta en la misma documentación había que considerar que las obras solicitadas no causaran obstrucción a los planes generales del ayuntamiento.

Los expedientes van acompañados de una descripción del tipo de construcción y de un plano de detalles realizado y firmado por el arquitecto municipal y por el propietario del solar. En el Plano aparece la planta del edificio, la fachada, la sección y el emplazamiento de la parcela o parcelas en la urbanización Feliu y también la disposición exacta de las construcciones dentro del solar. Sobre el emplazamiento cabe decir que al ser un lugar de urbanización totalmente nuevo las calles en un inició aún no tenían nombre o bien se utilizaban letras para designarlas tales como calle C u otras. También en los expedientes a parte del nombre Urbanización Feliu se utiliza otro nombre para el lugar Urbanización Busquets. La familia Busquets era la propietaria de la masía  Can Peixo de la cual dependían unos terrenos continuos a los inicialmente parcelados y que rápidamente siguieron este mismo proceso de parcelación y venta.

En el mismo año de 1923 ya hubo seis expedientes y en los siguientes años trece, nueve, cuatro, tres, once... respectivamente, hasta acumular un centenar de expedientes hasta el año 1939. Se pueden dividir los permisos de obras mayores entre: los que hacían referencia a la construcción de casas y los que se referían a la construcción de barracas o cubiertos. Con relación a las barracas estas tenían como función, según consta en los expedientes de obra, “guardar útiles y herramientas” y tenían una superficie que iba desde la más pequeña de 10 mts2 a la más grande de 36 m2. Estas podrían servir para depositar las herramientas utilizadas para cultivar el huerto de la parcela y en caso necesario para resguardarse de la intemperie. El barrio fue conocido en el resto del municipio con el sobrenombre despectivo de Las Barracas, en clara alusión a su proliferación durante decenios. En otros expedientes, la obra a realizar fue un pozo artesiano para regar el huerto y también para dotarse de agua potable. También había expedientes para levantar una cerca de obra o madera alrededor de la parcela.

Años 30. Baile organizado con motivo de las fiestas del barrio en la calle Teodoro Lacalle, donde estaba situado el bar Montserrat
El proceso más habitual que siguieron los propietarios para acondicionar las parcelas, fue como el ejemplo, de un propietario residente en Barcelona que en primer lugar pidió en el año 1925 permiso al ayuntamiento para construir una barraca, después en 1928 para excavar un pozo y finalmente en el año siguiente para construir una cerca para vallar el perímetro de toda la parcela. En otros casos, el mismo proceso de acondicionamiento se acometió con un solo permiso de obras, es decir, de una sola vez se hicieron todas las obras mencionadas.

Por lo que se refiere a las viviendas la tipología general es de casa con planta baja, la mayoría con una superficie útil reducida entre 30 y 50 m2. El modelo mayoritario era de una casa sola dispuesta en un extremo de la parcela dejando el resto de suelo, no construido, para hacer de jardín, huerto o patio. Sólo un par de casas tenían un local ubicado en la parte delantera de la casa reservado para tienda.

Excepcionalmente encontramos un plano donde se observa que se destina parte de la edificación a corral. Casi todas ellas son casas de autoconstrucción unifamiliares, exceptuando, seis promociones de conjuntos de viviendas plurifamiliares. Dos de ellas realizadas por un mismo promotor propietario de varias parcelas Don Vicente Domingo. Las promociones más destacadas son: la mayor que consiste en la construcción de diez viviendas apareadas de 24,6 m2 cada una, otra de 8 viviendas de 28,5 m2, y una de 4 viviendas de 38,25 m2. En estos conjuntos de viviendas se constata la disminución del espacio habitable a medida que aumenta el número de viviendas, lo que es un ejemplo de como obtener el máximo rendimiento del suelo en detrimento de la calidad en un mercado de la vivienda para familiares con rentas bajas. Estos conjuntos de viviendas sólo se realizaron en los cuatro primeros años de existencia de la Urbanización, almenos, durante las dos primeras décadas de existencia del barrio.

En los años 30, el rió era un lugar de entretenimiento, donde se pescaba, se bañaba o se pasaba el domingo con la familia. Fotografía tomada de en una salida al río por parte de unos vecinos del barrio.
La mayor parte de los compradores de las parcelas eran familias residentes en Barcelona, sobretodo de los barrios más próximos: la Bordeta, Sants, Hostafrancs, Poble Sec, Sant Antoni y la Esquerra de l’Eixample. Es de suponer que muchos adquirieron estos terrenos para hacer realidad la aspiración catalana de tener “la caseta i l’hortet”, una casa con una huerta para el consumo propio. Eran propiedades para veranear o pasar el fin de semana para personas de condición humilde, accesibles desde Barcelona mediante el ferrocarril que tenía como estación más próxima la del centro del municipio vecino de Hospitalet, aproximadamente a un kilometro y medio de distancia. En definitiva, se trataba de obreros o tenderos que no podían acceder a otros lugares de veraneo ya consolidados y en consecuencia menos asequibles a consecuencia del elevado precio del suelo. Otro grupo de propietarios, la minoría, si bien fueron aumentando con el tiempo, aparecen ya como residentes en la misma Urbanización Feliu en el momento de pedir el permiso de obras. Otros al pedir un primer permiso residen, por ejemplo, en Barcelona y al pedir un segundo o tercero ya consta como lugar de residencia habitual el barrio.

Así pues podemos considerar que por el lugar de residencia y el tipo de construcción se distinguen dos maneras diferentes de utilizar la propiedad, el uso residencial permanente y el uso en el tiempo libre como segunda residencia. La distinción entre las dos funciones no siempre fue clara y además finalmente se decantó con el tiempo a favor de la opción de primera residencia opción que se acabaría imponiendo. Esta función se vio reforzada con la apertura de la estación de los ferrocarriles en el año 1937 y por la demanda de mano de obra en las industrias que paulatinamente se irían localizando en las cercanías. Una prueba de este proceso se puede ver reflejada con una serie de expedientes, realizados a finales de los años treinta, en los que se pidió permiso para substituir la barraca por una casa modesta.

A finales del año 1927 debido a la proliferación de viviendas construidas y a la población en aumento el ayuntamiento decide construir tres puentes sobre las acequias de riego y escurridero que cruzaban las calles de la Urbanización Feliu, para ello se abrió un expediente en el que se decía con relación al pago de las obras “... cuyo coste debería reclamarse al propietario que fue de aquellos terrenos Don José Feliu”. Éste se negó reiteradamente a sufragar los gastos de tales mejoras. Debido a esta negativa y a la decisión firme de llevar hacia delante el proyecto se reunieron los concejales municipales con los síndicos representantes de los propietarios de dicha urbanización para que estos últimos ayudasen económicamente a la realización de las obras mencionadas conjuntamente con las aportaciones de los fondos municipales.

Pasado un mes del inicio de las gestiones el Concejal Delegado de Obras dice en su informe que se hubiera dejado el proyecto por no hacerse cargo de los costes el antiguo propietario de los terrenos si no fuese porque “... existiesen razones tan poderosas como las alegadas por los propietarios y vecinos de aquella, de que no pueden pasar por el único camino que tiene a causa de los baches existentes en el mismo, que lo hace intransitable la mayor parte del tiempo, ofreciendo por otra parte peligro de hundirse los actuales puentes, dado el estado de abandono en que se les tiene”. También propone ensanchar y arreglar el antiguo camino rural de las Marinas del que parten la mayoría de calles de la barriada y que además es el acceso a la carretera provincial y la principal vía de conexión con el resto del municipio y alrededores.

En el año 1929 se concedió un permiso de obras para la construcción de la que sería la primera fábrica que se instalaría muy cercana a la Urbanización Feliu, justo enfrente de la carretera de Barcelona a Santa cruz de Calafell. Esta industria iniciaría una tendencia que acabaría consolidándose en todo el espacio del sector Almeda, el uso mixto del suelo para funciones industriales y residenciales. La empresa llamada Fabricación de Cintas y Galones conocida con la abreviatura FACIS y domiciliada en Barcelona construyo una fábrica de 1.240 m2. Según consta en el expediente de obras la empresa solicitó una rebaja en los arbitrios municipales como condición a su instalación. Esta rebaja de los impuestos la justificaba por los gastos que le iba a ocasionar la instalación de una conducción para proveerse de gas, infraestructura que además podría redundar en beneficio del municipio, tanto para las viviendas cercanas como para el alumbrado público, así mismo argumenta el beneficio que traería consigo su localización en Cornellá al ocupar mano de obra local.

En ese mismo año, 1929, el arquitecto municipal redacta un proyecto para construir un colegio mixto en la barriada Feliu. El técnico Justificaba la necesidad de la construcción “por tratarse de una barriada alejada del pueblo a una distancia de una kilómetro, con una densidad de cuatrocientos habitantes”. En 1930 todo el municipio contaba con 6.807 habitantes. Por otro lado, se preveía suministrar de agua potable la escuela a través de una tubería procedente de las captaciones que tenía en Cornellá la Sociedad General de Aguas de Barcelona. Con relación a las materias residuales estas irían directamente a una fosa séptica y posteriormente se recogerían las aguas sucias mediante una de las conducciones de agua al aire libre del lugar.

El terreno donde se debería construir el centro escolar fue una donación de uno de los mayores propietarios de tierras del lugar, Don Joaquín Almeda, decano del Colegio de Abogados de Barcelona. Éste hacendado disponía de una gran extensión de terrenos cercanos a la Urbanización Feliu comprados en 1911 a los condes de Belloch, anteriores propietarios de casi todos los terrenos donde se acabaría asentando el barrio y que aún conservaban la finca y palacio de Can Mercader. La hacienda de la familia Almeda se encontraba justo al lado occidental de la calle de la Marinas, eje principal del cual partía la primera urbanización de la barriada, y también, la calle donde se localizaba la parcela destinada al colegio.

En el nomenclátor realizado en Cornellá el año 1930 constaba que de las treinta y ocho parcelas que se encontraban en el lado occidental de la antigua calle Marinas, que a partir de entonces paso a denominarse Dolores Almeda hermana del fallecido Don Joaquín, veintiuna pertenecían a los herederos de la familia Almeda. Todas estas parcelas eran solares sin ningún tipo de construcción. Finalmente, la construcción del colegio no se llevó a cabo, aunque probablemente este proyecto revalorizó las parcelas del barrio mientras hubo expectativas de que se realizara este equipamiento de primer orden. De todos modos la parcela permaneció, bajo propiedad municipal.

Una de las construcciones realizadas para pasar los fines de semana. La fotografía es de 1930. Más tarde, después de la guerra civil, se ampliaría para convertirse en vivienda habitual.
Según constaba en el mismo Nomenclátor de 1930 varios años después del inicio de las primeras parcelaciones hechas en la calle Dolores Almeda, la principal vía de la barriada, de las ciento sesenta y cinco parcelas que se repartían a ambos lados de la calle ciento treinta y siete (83%) permanecían como solares sin ninguna construcción, aunque ocho de estas parcelas ya contaban con un cercado; en solo diecinueve parcelas había vivienda construida (11%) del total de parcelas, finalmente, tres tenían una barraca o cobertizo. Con relación a la propiedad cuarenta parcelas pertenecían a la familia Almeda, trece a Celso Busquets y nueve a Vicente Domingo. Entre estos tres propietarios tenían algo más del sesenta por ciento de las parcelas.

En julio de 1931, ya constituida la II República española, la Comisión Sanitaria Municipal realizó una inspección en la Barriada Feliu, del resultado de esta inspección se emitió un informe que por el interés de su contenido merece ser reproducido parcialmente. La parte más significativa decía: “...habiéndose desarrollado esta barriada en la época de gran escasez de vivienda, su crecimiento como el de todas las barriadas similares, fue exento de todo plan de urbanismo y mayormente sanitario, limitándose únicamente la urbanización a situar los edificios según ciertas alienaciones, pero prescindiendo del aspecto de rasantes, bordillos, alcantarillas y demás. Las viviendas se abastecen de aguas freáticas captadas en la proximidad de los depósitos de letrinas de deficiente construcción y algunos pozos incluso están inmediatos al cauce de la pluvial (colector), que recoge todas las aguas sucias del pueblo de Cornellá, todo lo cual constituye un grave peligro para la salud pública sobre lo cual interesa tomar inmediatas medidas de defensa”.

En referencia a la promoción de ocho viviendas adosadas construida en 1923 denominada Quinta Salazar el informe añadía que: “...su más peligroso defecto estriba en la fuerte humedad que el subsuelo transmite a toda la vivienda por no estar el pavimento debidamente construido contra la humedad”. Como consecuencia de todo ello el informe propone estudiar un plan completo de saneamiento, para toda la barriada. Aunque la predisposición para solventar el estado de precariedad de la barriada parecía evidente, lamentablemente no se concreto en nada y la situación a grandes rasgos siguió como estaba.
Crecimiento y consolidación del barrio Almeda 1940-1966.

Estación de Ameda FFCC
En la época de la II República se construyó, en unos terrenos dados por los hermanos Almeda, la estación de los Ferrocarriles Catalanes de la línea Barcelona-Igualada en funcionamiento desde finales del siglo XIX.

Posteriormente, fue cerrada durante la Guerra Civil y no fue reabierta hasta 1947. La estación reabierta constaba de un apeadero para los viajeros, y de unas instalaciones para el transporte de mercancías, un muelle para la carga y descarga y un almacén. Estas instalaciones ferroviarias jugaron un papel destacado en el aumento de las industrias que se irían localizando en esta zona, sobretodo, a partir de la segunda mitad del siglo pasado, industrialización que a la vez potenció el crecimiento y consolidación del barrio Almeda.

Calle Tirso de Molina
Una vez finalizado el período de la Guerra Civil española (1936-1939) y después de fallecida Dolores Almeda en el año 1938 y habiendo dejado en herencia a sus sobrinos la finca estos decidieron, en plena posguerra en el año 1944, urbanizar y parcelar unas 24 hectáreas de su propiedad. Este sector a urbanizar fue el de mayor dimensión de todos los que se fueron disponiendo para tal objetivo en el barrio. La finca tenía una forma casi rectangular de unos 400 metros de ancho limitando al norte con la carretera de Barcelona a Santa Cruz de Calafell y de unos 600 metros de largo limitando al oeste con la calle Dolores Almeda, así pues, se encontraba justo en el lado opuesto de la calle principal donde se encontraban las primeras viviendas de la Urbanización Feliu.

En el plano de alienaciones de esta finca reaparece la parcela ya anteriormente destinada a la construcción de una escuela añadiéndole en este caso una capilla. En esta operación urbanística se reservaba una manzana para la edificación de viviendas protegidas. Además se destinaba un espacio al lado de la estación para hacer la primera plaza pública del barrio, pero, la plaza nunca se llegó a urbanizar, pues en su lugar se acabaron construyendo pequeñas naves industriales. Observamos una operación que parece destinada a obtener las mayores ganancias posibles de la comercialización de unas parcelas, se trata de revalorizar el precio del suelo cediendo parte de él a la administración para que esta equipe y construya equipamientos que eleven la calidad de la urbanización y en consecuencia el valor de la transacción económica.

Dos años después también se realizó un plano de alienaciones que comprendía el sector denominado Camp de l’Empedrat, de unas 2 hectáreas y con distintos propietarios. Este sector estaba situado entre la carretera y el Límite septentrional de la Urbanización Feliu. Este fue el más pequeño y el último sector que faltaba por urbanizar y así poder completar todo el espacio que fue destinado a viviendas en la que sería la primera fase de crecimiento y consolidación del barrio Almeda. En esta parcelación se hizo un pasaje que hacía un recodo en forma de ángulo recto, al ser más estrecho que el resto de calles y al pasar por en medio de una manzana se aprovechaba mejor el suelo y así se podían hacer más parcelas de dimensiones más reducidas. Las parcelas más pequeñas conservaban los 6 metros de fachada pero tenían entre 6 y 8 metros de profundidad, es decir, solo tenían entre 36 y 48 mts2útiles para construir una vivienda. Este sector, alrededor, del pasaje fue llamado popularmente el Laberinto por su estrechez y forma.

En el siguiente año 1947, veinticuatro años después de haberse iniciado el proceso urbanizador del barrio, se tiene constancia por primera vez, en un documento municipal, de que ya se había construido la cloaca de la calle Dolores Almeda, el resto de calles aún tendrían que esperar unos años más para tener alcantarillado.
El ayuntamiento de Cornellá, por segunda vez, desde la creación de la barriada reinicía en el año 1949 un nuevo proyecto de construcción de unas escuelas públicas en el solar donado por la familia Almeda. En el proyecto hay una memoria donde se justifica su construcción, en la que se dice de forma muy contundente lo siguiente: “Esta barriada es extremadamente humilde, y desde hace más de veinte años se siente la necesidad de dotarla de locales escolares que recojan en ellos la numerosa población escolar que pupila por las calles, huérfana de moral y cultura, y expuesta a las desagradables consecuencias que de todo ello se derivan”. Finalmente, a pesar de los múltiples retrasos, la Escuela Nacional Almeda es inaugurada en 1959 en un lateral de la misma manzana donde se acabaría levantando un bloque de pisos protegidos.

Los Pisos Calle San Fernando esquina Tirso de Molina
En el año 1950 el Instituto Nacional de la Vivienda inició un proceso para la construcción de viviendas protegidas que culminaría al cabo de nueve años en 1959. El proyecto contemplaba la construcción de viviendas protegidas en los terrenos cedidos por los hermanos Don Ramón y Manuel Almeda en la Urbanización Almeda. Según constaba en el proyecto el ayuntamiento invitaba a las industrias locales para que participasen en su construcción. En el proyecto se añade que en caso de que intervengan las industrias “... se permitirá la formalización conjunta de un contrato de trabajo que abarque también el arrendamiento de la vivienda de modo que ambos finen conjuntamente”.

Patio interior de Los pisos y del colegio
El bloque, según los planos y la documentación escrita, constaría de planta baja con locales comerciales, tres plantas con un total de 78 viviendas de una superficie mínima de 54 m2 y el interior de la manzana se dejaría como patio comunitario. Si bien al finalizar el edificio sé amplio a cuatro plantas aumentando las viviendas a 140 y se dejo uno de los lados de la manzana para hacer la tan esperada escuela pública, y tantas veces olvidada. La entrega de los pisos a sus arrendatarios no estuvo exenta de polémica, pues, inicialmente se concedieron más pisos de los que se habían construido. Este hecho hizo retrasar dos años la entrega definitiva. La mayoría de los pisos fueron adjudicados a inmigrantes procedentes del resto del estado español. Este contingente de aproximadamente 450 personas representó hasta ese momento el aumento más destacado de población del barrio.

Este nuevo edificio plurifamiliar en forma de bloque de pisos, repartidos en varias plantas, significó introducir un cambio en la tipología general de las viviendas del barrio. Tipología que había estado constituida hasta entonces mayoritariamente por casas unifamiliares de una o dos plantas, segunda planta que en muchas ocasiones fue levantada con posterioridad a la construcción inicial de la casa. Debido a la grave crisis que padeció la sociedad, primero con la guerra y después con la posguerra muchas de las casas que habían sido utilizadas como segunda residencia fueron pasando durante ese período a tener la función de residencia habitual.

Pocos años después en 1954 el Cuerpo Técnico Municipal del Ayuntamiento de Cornellá decidió resolver la cuestión de la conexión a la red general de agua potable en el barrio Almeda. Las dos causas principales de esta conexión fueron por una cuestión de falta de salubridad del agua freática captada y por una sobreexplotación del acuífero debido al aumento de industrias precisamente atraídas por la abundancia y facilidad de la extracción del agua. Así pues, en la memoria aparecen las razones por las cuales se decide construir esta infraestructura. Que son: “Teniendo en cuenta el crecimiento rápido de la Urbanización Almeda como asimismo el descenso de las aguas subterráneas de todo el término, se impone la urgente necesitada de proceder al suministro de agua potable a este núcleo que diariamente se incrementa”.

Dos años después el mismo Cuerpo Técnico Municipal manifestó la necesidad de solucionar el problema de las conducciones de desagüe de las aguas residuales. El Ayuntamiento propuso la canalización de las aguas del pluvial que también servían para evacuar las aguas sucias y que pasaban por el medio de la calle Dolores Almeda. El objetivo del soterramiento era mejorar las condiciones higiénicas del barrio y también según consta en la memoria del proyecto “... evitar inundaciones de esta zona en época de grandes aguaceros, mayormente ahora que disminuye rápidamente la zona cultivada y aumenta la edificada”. Finalmente, en el año 1959, se planificó dotar a todo el barrio Almeda de una red de alcantarillado. Un requisito básico que debería ser previó a la urbanización de cualquier zona residencial y que en este caso se realizó con demasiados años de retraso.

A finales de 1958 se inició otra actuación destinada a equipar de forma definitiva, al barrio con dos equipamientos de primer orden la iglesia y la guardería infantil. Para este objetivo se decidió hacer una permuta entre dos solares, uno perteneciente al Ayuntamiento y el otro en propiedad de los hermanos Almeda. Se da la circunstancia de que el solar del Ayuntamiento fue el que había cedido, unos treinta años antes, la familia Almeda para la, entonces, fallida construcción de una escuela pública. En el informe elaborado por el arquitecto municipal se justifica la construcción de una iglesia en el lugar escogido con las siguientes palabras: “El objeto de practicar la permuta de las dos parcelas estriba en la idea de trasladar la situación de la iglesia, que en esta barriada conviene construir, a un lugar más apropiado a la índole de su influencia o función y por ello se ha escogido el punto singular que será la placeta proyectada frente al gran bloque de las viviendas protegidas”. Finalmente, se especifica que emplazar la iglesia en el lugar escogido y dotar al barrio de la misma significa mejorar las condiciones urbanísticas de la zona. La parroquia de Sant Jaume fue inaugurada en 1963.

En el mismo proyecto se constataba la intención de construir una guardería con un patio. Tanto la iglesia como la guardería se localizarían en una misma manzana dejando el espacio libre entre los dos equipamientos como plaza pública, la primera del barrio, treinta y cinco años después desde su creación. En 1965, se inauguró la guardería, la cual se hizo con fondos entregados por Cáritas Diocesana (entidad de beneficencia cristiana).

Con el transcurso de los años los terrenos que rodeaban el barrio Almeda fueron ocupados por varias industrias y talleres. Una de las causas que impulsaron esta implantación industrial fue la clasificación del suelo como de uso industrial. El Plan Comarcal de Ordenación de Barcelona y su Zona de Influencia de 1953 zonificó de industrial los alrededores del núcleo de viviendas.

Empresa Pirelli Moltex
Entre las grandes industrias destacaban la factoría PIRELLI y la fundición LAFORSA. PIRELLI inicio su actividad en 1956. Esta empresa dedicada a la elaboración de artículos moldeados de goma estaba localizada en una manzana contigua al sector residencial. Su mayor influencia para el barrio era que contaba con una plantilla de 850 trabajadores,




Empresa Laforsa
en el año 1965, de los cuales buena parte residían en Almeda.Por el contrario la empresa Laminados y Forjados de Hierros y Aceros, LAFORSA destacaba por su impacto negativo en los residentes. La empresa instalada en 1958. Se trataba de una industria sidero-metalúrgica dedicada a la producción y laminación de acero que daba empleo en 1965 a 170 obreros. La problemática por la polución del aire y la contaminación acústica debido a su proximidad a las viviendas se constaba en un informe municipal realizado por un ingeniero industrial en el año 1962 donde se decía: “Por lo que se refiere al reglamento de actividades molestas, insalubres, nocivas y peligrosas, el reglamento califica de actividad molesta la laminación de acero en caliente motivada por la producción de ruidos y de actividad insalubre y nociva la fundición de acero por el desprendimiento de gases tóxicos”.

Con la aprobación del Plan Comarcal la situación general del barrio empezó a cambiar, sobretodo por que se proyecto la construcción de la vía rápida de circunvalación de Barcelona y su conurbación. Esta vía de circunvalación, llamada II Cinturón, estaba previsto que pasara cercana al barrio residencial incluyendo un acceso de entrada y de salida mejorando la accesibilidad a todo el conjunto metropolitano. La previsión de esta infraestructura dio un gran impulso a la localización industrial en los alrededores del barrio que aún restaban como espacio libre o eran de uso agrícola.

El Plan Parcial del Sector Almeda y la crisis socio-económica 1967-1978
La aprobación del Plan Parcial de ordenación urbana del sector Almeda, elaborado por la Comisión de Urbanismo de Barcelona en primera instancia el año 1967, reservaba sesenta y siete hectáreas, equivalentes al cincuenta y siete por ciento del total del suelo disponible a la industria, sobretodo, a la gran industria. En aquella época Además del plan citado se aprobaron otros dos planes parciales el del sector Este y el de Famadas que también afectaban los alrededores del barrio residencial e insistían en la promoción de suelo industrial. Estas actuaciones y la proyección de infraestructuras incentivaron la especialización industrial de la zona, que apostaba claramente por un modelo de desarrollo basado exclusivamente en esta actividad económica En el año 1971 se contabilizaban hasta 150 industrias, la mayoría pequeñas o medianas.

En la memoria del Plan Parcial del sector Almeda hay un apartado sobre los usos del suelo bastante clarificador de la realidad existente en 1967. En él se dice que: “En su mayor parte el espacio esta ocupado por tierras de labor, estructuradas en las características fijas de la huerta del Llobregat. El uso agrícola cede ya a la expansión de Barcelona en un rápido proceso acelerado. Por un lado son las industrias las que ante la carencia de suelo industrial en la capital y aún respondiendo a al política de descentralización industrial preconizada por los organismos urbanísticos se ubican en el sector en gran número”. Al mismo tiempo se refiere a la zona de viviendas de la siguiente manera: “Por otro lado, y en cierto modo acompasadamente al establecimiento de las nuevas industrias, ha crecido Cornellá por su extremo sudeste y se ha desarrollado el núcleo residencial, situado en el corazón del sector”.
En la zonificación propuesta en el Plan el núcleo de viviendas construidas se cualificaba de suburbana semintensiva. Se especificaba que el tipo de ordenación era de manzana cerrada con edificación contigua y con una altura regulada según la anchura de las calles, con un máximo de planta baja más cuatro pisos en el caso de calles de más de quince metros. En ese momento la realidad construida aún era mayoritariamente de casas unifamiliares con planta baja más un piso con un patio, jardín o huerto y las calles no excedían de diez metros.

Una de las actuaciones que se previó en el Plan fue la construcción de una nueva vía ancha llamada, explícitamente, travesía industrial que enlazaría el II cinturón con el centro de Cornellá atravesando el polígono industrial. El problema surgió porque esta vía debería transcurrir por en medio de algunas viviendas previéndose la demolición de hasta 80 viviendas incluidas una parte de las viviendas protegidas. Esta propuesta, y en general el Plan Parcial, desató una intensa oposición por parte de los vecinos que se prolongo durante varios años.

Algunos vecinos del barrio Almeda entregaron varios escritos al Ayuntamiento y a la Comisión de Urbanismo de Barcelona mostrando su disconformidad con los planteamientos del Plan Parcial. Algunas de las afirmaciones extraídas del gran número de escritos depositados en el archivo histórico de Cornellá expresaban el sentir general como sigue “... si actualmente no podemos conseguir los más elementales servicios como, por ejemplo, disponer de médico y asistencia sanitaria fijos, dado que el numero de habitantes no alcanza la cifra exigida, con la partición de la barriada y la limitación, prácticamente total de su crecimiento, estamos condenados a seguir toda la vida como ciudadanos marginados con relación a los demás habitantes de Cornellá”. Por otra parte se hacía referencia a la contradicción que existía al plantear la masiva implantación de industrias en detrimento de las viviendas para dar empleo a la población del municipio cuando resultaba que había “... gran cantidad de vehículos particulares, trenes abarrotados de obreros” procedentes de otras poblaciones o otros barrios de Cornellá y que “... muchisimos de ellos atosigan constantemente a los establecimientos comerciales preguntando por algún piso por alquilar o habitaciones para dormir”.

También las alegaciones y criticas al Plan comarcal, del cual derivaba el Plan parcial, fueron masivas como se puede constatar con estas afirmaciones de los vecinos “Observamos que se da una preferencia absoluta al transporte privado dedicando poca atención al transporte público, opción que a nuestro entender debe invertirse”. Con relación a la formula propuesta de financiación de las mejoras urbanísticas la oposición fue contundente “... los vecinos deberán ahora pagar parte de las obras de urbanización y equipamiento que correspondía pagar a las inmobiliarias y que la administración en su día no les exigió”.
Otro tema de desacuerdo fue la declaración de todo el suelo que envolvía el núcleo de viviendas para actividades industriales. Por lo que se pidió cambiarlo en parte a suelo residencial con el objetivo de ampliar el número de viviendas y “... alcanzar un número de habitantes suficientes para la instalación de servicios y dotaciones tan necesarias y de los que actualmente carecemos”. También los vecinos se opusieron al Plan por considerar que las propuestas de nuevos viales partirían el barrio dividiéndolo aún más de lo que ya estaba con el paso del ferrocarril que hacía de barrera. Finalmente se hace constar en otro escrito “que el Plan se ha redactado a espaldas de los vecinos”. En la revista local llamada Nuestro Barrio editada en 1971 por las comisiones y fábricas de Cornellá-Almeda aparece en la portada un título que no podía ser más explícito: El Plan Parcial de Almeda: Un robo legalizado y planificado”.
Otro conflicto a añadir se desató por la previsión de construir viviendas dentro del recinto ajardinado de la Finca Belloch-Pozzali espacio destinado a parque urbano según el Plan Comarcal. En cambio en la redacción posterior del Plan Parcial reservaba más de la mitad del espacio a zona de ciudad jardín para así sufragar los gastos de la construcción y mantenimiento de una residencia de estudiantes universitarios, que también debería construirse en el interior del recinto. Por todo ello, el parque quedaría reducido a la mínima expresión. La oposición de los vecinos ha esta iniciativa fue total y exigieron que se respetase como zona verde abierta a los vecinos tal como constaba en un escrito de denuncia “... por ser el único pulmón posible en un barrio rodeado de fábricas”.

Todas estas alegaciones, propuestas y contrapropuestas, así como las presentadas por los propietarios de terrenos e industrias afectadas conllevaron multitud de rectificaciones del plan presentado inicialmente. Todo ello provocó la realización de hasta tres redacciones sucesivas del Plan Parcial de Almeda, hasta que, finalmente fue aprobado el año 1971. Aunque el problema de las afectaciones no se resolvió hasta 1978 cuando el Ministerio de Obras Públicas rectificó y retiró todas las propuestas que habían sido rechazadas por los vecinos.
La unión de los vecinos y los resultados positivos de su oposición a varios proyectos de la planificación dio pie a un sinfín más de denuncias de las carencias y problemas que persistían en el barrio. Problemas de higiene como la existencia de acequias que hacían de cloacas al aire libre, la suciedad en las calles y en consecuencia los malos olores y la presencia de ratas. El déficit de transportes públicos para conectar el barrio con el resto de Cornellá. La falta de equipamientos públicos, como por ejemplo: un dispensario médico, una biblioteca e instalaciones deportivas. Los problemas de contaminación por la convivencia con las fábricas. La exigencia del soterramiento de las vías de los Ferrocarriles Catalanes para evitar accidentes. Toda esta contestación vecinal junto al fuerte movimiento obrero que se estaba desarrollando en las fábricas de Almeda como reacción a las pésimas condiciones laborales hizo que la lucha vecinal y laboral confluyeran unidas y solidarias sumando fuerzas.

Un fenómeno de gran trascendencia para el parque de viviendas del municipio de Cornellá y en consecuencia también para el barrio Almeda fue el gran crecimiento de la población debido a los elevados flujos de inmigrantes procedentes de la España rural en busca de trabajo en la industria del área de Barcelona. Este fenómeno fue espectacular en la década de los años cincuenta, década en que la población de Cornellá se doblo pasando de 11.473 a 24.714 habitantes y más espectacular en la década siguiente en que se produjo el mayor crecimiento triplicándose la población pasando de los 24.714 habitantes a 77. 314 en el año 1970.

En el bario Almeda se produjo un crecimiento poblacional supeditado al aumento del parque de viviendas y paralelo a la industrialización de la zona. La correlación entre la población y el mercado laboral era muy intensa lo que se constató con la crisis económica de la segunda mitad de los años setenta, agravada en nuestro país por la incertidumbre política del cambio de régimen político. Esta crisis industrial tuvo un gran impacto en la población de un barrio obrero como Almeda. En el año 1973 Almeda tenia unos 3.500 habitantes en cambio en 1979 la población residente había disminuido a unos 3.000. Esta perdida de población se produjo justamente cuando se estaban cerrando o reestructurando muchas industrias del barrio debido a la grave crisis del sistema productivo fordista y en consecuencia se produjeron las mayores tasas de paro de los últimos decenios.

Calle Pasaje Busquets, al fondo el Centro Social Almeda
Un agravante de la situación general del barrio se produjo con las inundaciones de otoño de 1971, inundaciones que se repetían periódicamente. La rotura del terraplén de defensa del río construido precisamente para evitar los efectos de las grandes crecidas provoco que el agua inundara todo el barrio Almeda. El agua cubrió el barrio entre 1,50 metros y 1,70 metros. La riada provocó muchos daños en los bajos de las casas, como consecuencia del agua y del barro acumulado. Estas inundaciones alimentaron, aún más, la reivindicación ciudadana primero para conseguir medios y asistencia de todo tipo para limpiar el barrio y restablecer la normalidad y seguidamente para evitar futuras riadas se exigió que se canalizara el río, como ya se había comprometido la administración pública anteriormente. Aún así la canalización del río no se inicio hasta el año 1976 y las obras se prolongaron durante muchos años.

En el año 1976 se aprobó el nuevo Plan General Metropolitano de Barcelona (PGM), aún vigente actualmente. Este nuevo Plan territorial sustituyó el anterior Plan Comarcal totalmente desbordado por la realidad construida a consecuencia de la debilidad de las instituciones responsables de su aplicación y por no representar los intereses colectivos.

Como cambios más significativos con relación a la anterior planificación destacaba la reservaba de un espacio continuo al núcleo de viviendas para la construcción de nuevas viviendas y la clasificación de casco histórico del sector de viviendas consolidado. Este último cambio conllevó un reconocimiento de su condición de construcción antigua y precaria y por esta razón se consideraba que necesitaba una mejora urbana.

El Presidente Tarradellas es recibido en Can Mercader, por el primer Ayuntamiento democrático de Cornellà.
El Ayuntamiento democrático y las grandes reformas urbanas. 1979-2003
La última etapa del barrio se caracterizó por ser de un gran dinamismo, protagonizado por varias transformaciones urbanas y socioeconómicas que cambiaron radicalmente la situación del barrio. El primer detonante de los cambios fue la constitución del Ayuntamiento democrático que tuvo la labor urgente de corregir las precarias condiciones urbanísticas. Aunque ésta tarea sé ralentizó como consecuencia de la crisis económica ésta consistió en hacer una reforma general de los espacios públicos y equiparse con los servicios urbanos básicos, como un centro de asistencia sanitaria, una nueva escuela, un hogar para ancianos, un polideportivo... También se realizó la conexión del barrio con el resto del municipio con la apertura de nuevas calles y la puesta en marcha de un servicio de transporte público. Otro elemento fundamental de la transformación fue la rehabilitación de la finca de Can Mercader convertiendola en el gran parque público del barrio.

Una de las últimas secuelas desastrosas del anterior régimen dictatorial estalló en 1990. Ese año se descubrió en unas obras de reforma en un piso de las viviendas protegidas que el edificio estaba afectado por la patología del aluminosi. Esta patología se produce por el contacto de la humedad ambiental con el cemento llamado aluminoso (prohibido en Francia ya desde 1943 y en España en 1977) provocando que las vigas hechas con este cemento se desprendan con el paso del tiempo. Este cemento fue utilizado, sobretodo, por su rapidez y bajo coste.

Las viviendas tenían 365 residentes la mayoría propietarios con rentas bajas, por ello la rehabilitación de las viviendas representaba un sacrificio económico inasumible. Además después de un informe realizado por un arquitecto técnico, contratado por la comisión de vecinos afectados, se determinó que el coste de las reparaciones duplicaba el coste catastral de las viviendas lo cual significaba declararlas, según la ley, en estado ruinoso. Por enésima vez los vecinos del barrio Almeda se movilizaron, en esta ocasión para reivindicar la construcción de nuevos pisos de iniciativa pública. Las viviendas fueron demolidas en al año 1996. Debido a la presión popular la Generalitat asumió la construcción de nuevas viviendas de protección oficial para trasladar a los vecinos. Estas viviendas se construyeron en el solar que había dejado la iglesia que también se demolió como consecuencia de la aluminosi y ésta a su vez se traslado a otra parcela del barrio.

Después del impacto negativo de la crisis de 1973 en el tejido económico y en el mercado laboral de todo el municipio, en la década de los años ochenta se realizó otra actuación de la administración pública para hacer frente al declive de los polígonos industriales de Almeda que estaban perdiendo actividad económica. La declaración de la ZUR (Zona de Urgente Reindustrialización) posibilitó la urbanización definitiva de la zona y atrajo nuevas empresas terciarias, mayoritariamente dedicadas a los servicios a las empresas, que substituyeron a la industria obsoleta. En esta línea de desarrollo económico el ayuntamiento creó una empresa municipal de Promoción Económica (PRECSA), la cual se responsabilizó de la construcción en Almeda de equipamientos como el pabellón ferial, el auditorio y la incubadora de empresas.

La financiación de algunas de las transformaciones contó con las aportaciones de los fondos estructurales FEDER (Fondos Europeos de Desarrollo Regional) procedentes de la Unión Europea con el objetivo de reconvertir los territorios gravemente afectados por el declive industrial. A todo ello se le sumó la rectificación de la cualificación del suelo como de gran industria y en consecuencia se permitió la reducción del tamaño de la parcela. Con todas estas iniciativas públicas conjuntamente con una mejora general de las condiciones generales de la base productiva metropolitana se obtuvieron resultados positivos y la zona se convirtió en un territorio emergente con un gran poder de atracción de actividades terciarias. Uno de los ejemplos más emblemáticos se produjo con el cierre y posterior demolición de la antigua fábrica FACIS siendo esta substituida por un complejo de varios edificios de oficinas construidos alrededor de una zona ajardinada. Actualmente las oficinas son arrendadas por varias empresas que dan empleo aproximadamente a unos 2.000 trabajadores.

Una de las operaciones más relevantes fue la apertura en 1992 de la Ronda de Dalt (II cinturón) mejorando la accesibilidad a todo el entorno metropolitano y a las grandes infraestructuras regionales, el aeropuerto y el puerto. También la mayor accesibilidad posibilitó la atracción de un gran centro comercial, con un aparcamiento de tres plantas para automóviles en su interior, que invirtió la situación comercial del barrio Almeda, pasando de ser deficitaria a excedentaría y por tanto a abarcar un mercado supramunicipal.

Un factor imprescindible para la transformación del mercado de la vivienda se produjo por dos causas impulsadas por el Ayuntamiento bajo el amparo de la Empresa Municipal de Desarrollo Urbanístico (EMDUCSA). La primera causa fue la aprobación y ejecución en el año 1988 del Plan Parcial Camp de l’Empedrat que significó la urbanización de la zona cualificada por el PGM de desarrollo urbano. El plan proyectaba la construcción de viviendas incluyendo la construcción de una gran plaza pública. La promoción constaba de 118 viviendas de 43 a 135 m2 para diferentes tipos de familias y con precios inferiores a los del mercado libre.

Esta promoción de vivienda pública marcó un antes y un después en la calidad de las viviendas del barrio y fue el motor a partir del cual se aceleró el incremento de la construcción de viviendas de precio libre. El nuevo Plan Parcial y las viviendas públicas fueron dos elementos que sumados a todas las mejoras anteriormente citadas provocaron que la percepción negativa que se tenía hasta entonces del barrio Almeda cambiara radicalmente y pasara a ser positiva.

Este cambio hizo que la iniciativa privada se interesara en este barrio para hacer inversiones masivas en vivienda. Hasta hoy se han levantado más de 400 viviendas nuevas en edificios de pisos con varias plantas, destacando del conjunto, dos torres con planta baja más ocho plantas, que incluya una zona comunitaria con un pequeño jardín privado, piscina y un aparcamiento para automóviles. Al mismo tiempo que se construyeron estas grandes promociones en espacios libres hubo un proceso de substitución de las antiguas casas de autoconstrución por edificios plurifamiliares. A consecuencia de todo ello las casas unifamiliares han pasado a ser residuales y las que permanecen en general han sido rehabilitadas. Todo ello fue realizado en el contexto de una campaña promocional mixta, pública y privada, denominando el sector Porta Diagonal haciendo referencia al prestigio de esta avenida barcelonesa como si el barrio Almeda fuera su prolongación más allá de la ciudad de Barcelona.

La suma de todas estas transformaciones estructurales de índole urbanística y socioeconómica motivó un aumento paulatino de la población. En un momento, como el actual, cuando la mejora de la accesibilidad es un factor determinante de crecimiento, al favorecer el proceso de relocalización poblacional intrametropolitana, proceso en que se busca habitar en un ambiente descongestionado y agradable. La población del barrio Almeda ha crecido hasta llegar en el 2003 a 4.998 habitantes siendo esto más destacado teniendo en cuenta que simultáneamente el conjunto de la conurbación de Barcelona y el mismo municipio de Cornellá ha perdido población.

Consideraciones finales


La génesis del barrio Almeda y los primeros decenios de su existencia siguieron un patrón de localización, de apropiación del suelo y construcción de la vivienda característicos de la urbanización marginal. Aun así conviene matizar esta afirmación, pues en este caso, y a diferencia de muchos otros, la construcción de la vivienda y la parcelación inicial obtienen el beneplácito de la administración pública municipal, es decir están dentro de la legalidad. Ello nos lleva a pensar que la legislación vigente durante décadas en materia de viviendas fue bastante permisiva. La prueba es que a pesar de las graves deficiencias urbanísticas motivadas por la carencia de equipamientos, la situación de aislamiento y los problemas de salubridad que se prolongaron durante decenios, los permisos de parcelación primero y los de autoconstrucción después se fueron otorgando igualmente.

Otro hecho fundamental relacionado intrínsecamente con este tipo de urbanización marginal es la escasa calidad de la vivienda, tanto en términos de superficie habitable como por el material utilizado para la construcción, así como por la falta de servicios domésticos esenciales como son las conducciones para el agua potable y para las aguas residuales.

Por todo lo expuesto llegamos a la conclusión de que el entorno urbanístico es en sí mismo una prolongación de la vivienda, es decir, el espacio público de calidad o en precario, la presencia o ausencia de infraestructuras, equipamientos y servicios públicos determinan la calidad de la misma vivienda, pues forman parte de una misma unidad y no son en absoluto independientes. Además esta dependencia es más evidente cuando la vivienda es de baja calidad y es habitada por familias con escasos recursos, pues la dejadez del entorno urbanístico puede condicionar aún más su marginalidad, así pues no sólo es suficiente garantizar el acceso a una vivienda digna si no que es necesario garantizar un entorno urbanístico de buena calidad como parte integrante de ésta.

En este tipo de urbanización marginal donde la inversión del propietario del suelo es mínima su estrategia se suele basar en las expectativas de revalorización del suelo libre, así junto a los residentes ambos coaccionan a las administraciones públicas para que estas se vean obligadas a urbanizar y dignificar el lugar. Con esta mejora del entorno urbanístico a cargo de la administración el propietario del suelo ve mejoradas las ganancias con la continuidad del proceso de parcelación y venta. Frente esta operación especulativa las administraciones públicas tendrían que poner los instrumentos necesarios para que la mejora del entorno urbanístico revirtiera en toda la sociedad haciendo pagar al parcelador los costos de la urbanización y a la vez evitar que el aumento del valor de las viviendas a construir produjera un proceso simultáneo de expulsión de la población con menores rentas y al mismo tiempo una atracción de población con mayores rentas. La cuestión está en encontrar formulas para romper la ecuación que anuncia que ser una familia de recursos escasos es igual a habitar en una vivienda de baja calidad y en un entorno urbanístico desfavorable.

Finalmente, un factor, no menos importante, relacionado con la calidad urbanística se basaría en la capacidad de los ciudadanos de escoger el modelo urbanístico a desarrollar en su lugar de residencia. El objetivo sería evitar los sucesivos desencuentros entre los proyectos previstos en la planificación urbanística y los intereses generales de los vecinos. Se trataría de encontrar los canales de participación activa de los ciudadanos en la propia redacción de los planes urbanísticos con el fin de poner en práctica un modelo de urbanismo participativo al servicio de las personas. En definitiva se trataría de profundizar en la democratización de la sociedad haciéndonos partícipes de las decisiones que nos afectan y no sólo mediante la elección de nuestros representantes sino de forma directa decidiendo el propio ciudadano el modelo de ciudad a construir.

Albert Vilallonga Ortiz
SCRIPTA NOVA
Revista Electrónica de GeografÍa y ciencias sociales

1 de agosto de 2003