El Congrés de Cultura Catalana tuvo una relevancia política fundamental tras la muerte de Francisco Franco, convirtiéndose en un espacio dereivindicación democrátic y de articulación de la oposición política en un momento de gran incertidumbre.
Apenas unas horas después de la muerte de Franco (21 de noviembre de 1975), se intentó realizar una sesión pública que fue prohibida por el gobernador civil, Rodolfo Martín Villa. Pese a las limitaciones, los actos que se celebraron en diciembre de 1975 en Cornellà se convirtieron en un ambiente público de libertad democrática, donde se escuchó a diversos miembros de la oposición política.
El Congreso no fue meramente cultural; se transformó en un foro para exigir Amnistía y Libertad. En los actos masivos, como el del Parc de les Aigües que congregó a unas tres mil personas, se exhibieron pancartas con estas peticiones y fotos de figuras simbólicas como Camacho y Xirinacs. "Vínculo entre la cultura y el movimiento obrero:"
Uno de los hitos políticos más relevantes fue la convergencia entre las reivindicaciones nacionales catalanas y las luchas obreras. Durante los actos, los trabajadores de la empresa Laforsa, en huelga, vendían claveles rojos pidiendo amnistía y readmisión, integrando sus demandas laborales en el marco del Congreso. Los organizadores subrayaron que la cuestión catalana había sido asumida por las clases populares. El Congreso sirvió para reunir a destacadas personalidades de diversas corrientes políticas que serían claves en la Transición, como Miquel Roca i Junyent, Jordi Solé Tura y Anton Cañellas.
También contó con la participación de Alejandro Rojas Marcos, vicepresidente de la Junta Democrática de Andalucía, quien vinculó la problemática andaluza con la necesidad de crear poderes regionales democráticos y socialistas. En una ciudad como Cornellà, con una mayoría de población inmigrante y de habla no catalana, el Congreso fue políticamente relevante al presentar la lengua catalana como un factor de unión y no de división ("por la lengua no pelearemos entre nosotros"). El hecho de que la mayoría de las intervenciones se hicieran en catalán ante un público mayoritariamente castellanohablante fue visto como un acto de solidaridad y conciencia ciudadana.
El impacto político se reflejó también en el Ayuntamiento, que empezó a destinar presupuestos (dos millones y medio de pesetas en 1976) para la enseñanza del catalán, reclamando que esta responsabilidad debería ser asumida por el Ministerio de Educación.
Las protestas obreras de la empresa Laforsa desempeñaron un papel simbólico y práctico fundamental durante los actos del Congreso de Cultura Catalana en Cornellà, especialmente durante la fiesta popular celebrada en el Parc de les Aigües en diciembre de 1975
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Su participación se manifestó de las siguientes maneras:
Vínculo entre la lucha obrera y la identidad nacional: Los trabajadores de Laforsa, que llevaban en huelga más de un mes, se situaron en la entrada del parque para recaudar fondos
. Lo hicieron vendiendo claveles rojos que llevaban pegada una bandera catalana, uniendo así sus reivindicaciones laborales con los símbolos de la identidad catalana
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Integración de demandas: En los tallos de estos claveles y en sus mensajes, los trabajadores inscribieron las palabras "readmisión", "amnistía" y "solidaridad con Laforsa"
. Esto permitió que el conflicto laboral específico de la fábrica se integrara plenamente en el movimiento general por la libertad política y la amnistía que caracterizaba al Congreso en ese momento
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Visibilidad y apoyo popular: La presencia de los obreros en un acto que congregó a unas tres mil personas y a destacadas personalidades políticas les otorgó una plataforma de gran visibilidad
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Durante las intervenciones finales, José María Luque, un líder sindical del sector del vidrio y la cerámica, pidió formalmente para Laforsa la misma solidaridad que la ciudad de Cornellà había demostrado anteriormente con otras empresas en conflicto, como la vidriería Elsa
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Representación de las "clases populares":
La participación activa de estos trabajadores reforzó la tesis de los organizadores del Congreso de que la "cuestión catalana" había sido asumida plenamente por las clases populares y los sectores inmigrantes de la ciudad, demostrando que la cultura y la política no estaban desligadas de los problemas sociales y económicos
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En definitiva, las protestas de Laforsa ayudaron a que el Congreso de Cultura Catalana en Cornellà no fuera solo un evento intelectual, sino una manifestación de unidad entre el movimiento obrero y la reivindicación democrática y nacional
En resumen, el Congreso actuó como un catalizador que unió la conciencia cultural catalana con la lucha por la democracia y los derechos de los trabajadores inmediatamente después del fin de la dictadura.


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