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Comisiones de Barrios y de Fábricas

Prensa Obrera, boletín informativo de las Comisiones de Barrios y Fábricas

 
 
A finales de los años 60, principios de los 70: Situación agobiante de dictadura. Estamos en años de aceleración económica. Nuestra comarca, el Baix, es uno de los puntos fuertes industriales de todo el país, junto con todo lo que podría ser la conurbación de Barcelona. Estamos en Europa, pero aquí, al contrario que allí, no hay libertades sindicales, no hay sindicatos de clase, ni partidos políticos, ni siquiera de derechas. Hay una ley de Asociaciones con muchas cortapisas, hay mucha explotación, en la fábrica, lo que lleva a tener que hacer horas y más horas extras, en los barrios, con el salario ciudadano reducido a la mínima expresión: los barrios son un desierto cultural, deportivo, sanitario…En Barrios como San Ildefonso solo hay pisos, por no haber no hay ni tiendas: alguna panadería. No tiene ambulatorio (tenía que haber un Hospital) ni guarderías, ni colegios (solo uno para más de 40.000 personas que se estima Vivian en ese barrio), pero si muchas academias, donde las calles eran el patio de recreo…

Después del trabajo realizado durante los años sesenta, sobre todo en las fábricas, se llega al 68, y se consigue materializar una movilización importante en torno al primero de mayo: Se calcula que unas tres mil personas se manifiestan el primero de mayo en una movilización-manifestación que comienza en el Rayo Amarillo y que bajando por la carretera de Esplugas solo puede llegar a las Arenas, a la altura de San Miguel, que es donde se produce el encuentro con los Grises… La cabeza de la manifestación es machacada, cogida entre la valla que había en la carretera a esa altura, y las propias casas… De todas formas, a pesar de las magulladuras, los palos recibidos, no se producen detenidos y queda una sensación positiva: hemos sido capaces de movilizar a muchos y muchas compañeras, es el camino.
Pero en el año setenta esta sensación “positiva” se ha esfumado: No existe la sensación de avance en la lucha contra el dictador; nos siguen explotando, despidiendo por motivos políticos o sindicales (en una situación de dictadura todas las acciones son “políticas”, la dictadura, como tal, no tiene capacidad para asumir ni asimilar ninguna situación que no sea la simple adhesión, a ser posible entusiasta, a la propia dictadura).

Seguimos teniendo el desierto cultural, educativo, deportivo, sanitario, en nuestros barrios. Sigue existiendo una única oposición a la dictadura: la constituida por las incipientes Comisiones Obreras y el PSUC. Si que existen otros grupúsculos, a veces ultra izquierdistas, otras simplemente anticomunistas, pero sin capacidad importante para movilizar la sociedad. En esta situación son jóvenes los que pierden la confianza en poder llegar a nada con esa dinámica. Y se plantean que hay que ser más agresivos, no puede ser que el dictador muera tranquilamente en su cama. No sabe cómo actuar pero se plantea cambiar los métodos de lucha.

1970 Curso HOAC Movimiento Obrero Baix Llobregat



Es un pequeño grupo de Cornellà: muchos de ellos han estado en las Comisiones Obreras Juveniles, la organización juvenil de las Comisiones Obreras. También hay gente que proviene de grupos cristianos, de los movimientos de Acción Católica, fundamentalmente de la HOAC y de la JOC. Gente joven, desde menos de veinte a poco más de treinta años. Empieza a reunirse el grupo y aunque al principio hay planteamientos del tipo de “sacar a los presos de la Modelo, aunque sea por las alcantarillas”, se acaba, en muy poco tiempo, por dar forma y vida a una organización socio-política que denominan Comisiones de Barrios y Fábricas. Como reconocimos en un acto sobre el desaparecido Joan N. Garcia Nieto, este hecho, pasar de los inicios del grupo a la creación de las Comisiones de Barrios y Fabricas, no habría sido posible sin la aportación entusiasta del Joan en este proceso de constitución del grupo.

Juan N. García Nieto, uno de los fundadores de las Comisiones de Barrios y Fábricas.
En aquellos años de lucha se había llegado a la convicción de que la batalla a la dictadura había que darla desde las empresas, por esa incapacidad de la dictadura de asumir o asimilar cualquier divergencia: la lucha en las empresas era la mejor lucha política en aquellas circunstancias. Pero había un problema: Muchos de nosotros, sobre todo de personas eminentemente jóvenes, no tenían, la posibilidad de trabajar en grandes empresas en las que fuera posible y sobre todo visible las posibles luchas contra la patronal y así había mucha gente trabajando en empresas muy pequeñas y sobre todo sin tradición de lucha. A pesar de todo la recién creada organización se centro en un sector de la sociedad que desde las grandes empresas no se había tocado, o no se había hecho suficientemente: el de los jóvenes en general. Jóvenes que trabajaban en empresas, grandes y pequeñas, siendo este un sector muy importante para la organización, pero también jóvenes, o simplemente gente que tenían como objetivo más importante el trabajo en los diversos centros o instancias ciudadanas: las incipientes Asociaciones de Vecinos, centros culturales, centros juveniles, con el fin de trabajar sobre todos los problemas que iban surgiendo en los barrios fruto de la marcha de la sociedad en cuanto a enseñanza, sanidad, deportes, urbanismo… O sea, esa parte del salario ciudadano, que si bien no es un ingreso en metálico si que es un bien importante que en última instancia sí que tiene una repercusión económica importante en los vecinos de nuestros barrios.

En poco tiempo esas Comisiones de Barrios y Fábricas crecieron de una manera muy rápida y llego el momento en que la gestión del grupo se hizo muy difícil, sin una orientación y organización política adecuada a nuestra situación, es decir hubo que plantearse una ligazón “política” con alguna organización política, por supuesto de izquierdas, y por supuesto marxista. Acabamos entrando en bloque en Bandera Roja, pues esta organización nos pareció que era la más afín a nuestra realidad organizativa, a nuestros planteamientos sobre la necesidad de realizar un trabajo más amplio en el sentido de superar el trabajo en las fábricas, extendiéndolo a toda la sociedad.

Coincidieron en el tiempo, en los inicios, las inundaciones de 1971, que nos dieron la oportunidad de reivindicarnos como organización muy sensible a todas las problemáticas relacionadas con el hábitat, con las condiciones a veces inhumanas en que vivían los vecinos en los barrios, con los déficit de todo tipo que sufríamos y en este caso, especialmente, con la desidia del Ayuntamiento ante los problemas que una ciudad con un crecimiento tan extraordinario como la de Cornellà padecía.

Desde el primer día de las inundaciones casi todos los jóvenes adscritos de una u otra forma a las Comisiones de Barrios y Fabricas, y no solo los que vivían en la zona inundada, nos volcamos en cuerpo y alma en la zona afectada, de dos maneras: la primera desde el primer momento y como el más afectado, quitando porquería, lo inutilizado, trabajando en cargar o descargar camiones con las manos y con lo que fuera: nos pateamos los barrios de Centro, Riera y Almeda y dimos muestras de que además de otras cosas sabíamos ser prácticos y ayudar en lo primero que se necesitaba: hacer habitables los barrios, quitar el barro de las calles, quitar los muebles, la ropa todo lo perdido por la inundación, volver a hacer habitables los barrios afectados, las viviendas inundadas. La otra vertiente en la que nos volcamos fue en la denuncia política de lo que había pasado y la reivindicación social y política ante las autoridades.




Hubo enfrentamientos con la Policía (.como no?) hubo carreras, pero siempre se volvió al trabajo en los barrios.
Muchos de nosotros estuvimos sin asistir a los trabajos respectivos mientras las condiciones de los barrios no se normalizaron, mientras teníamos el trabajo pendiente de limpieza de nuestros barrios. Yo creo que este hecho nos fortaleció como grupo ya que pudimos visualizar lo que significaba la organización, la capacidad de agitación y de movilización social y política que habíamos adquirido. A partir de aquí “el frente de barrios” tomo fuerza y en prácticamente todos los barrios de Cornellà se pudo consolidar una organización bastante potente que fue creciendo en el entorno de la lucha por las condiciones de vida de los barrios, por superar sus déficit, o mejor dicho en la denuncia de esos déficit. Se empezó a incidir en toda la problemática que suponía el Plan Comarcal o temas como el Plan de Urbanismo del Barrio Centro.

El Centro Social de Almeda fue en su momento un lugar importantísimo en esta vía y posteriormente la recuperación del Casino Cultural San Ildefonso ayudo o posibilito la organización y la formación de un elenco importante de jóvenes de un barrio como San Ildefonso, sinónimo de desierto cultural.

En este frente, desde las comisiones de cada barrio, se fue potenciando la utilización o, en su caso, la creación de Asociaciones de Vecinos en cada Barrio que posibilito el poner en marcha los procesos de reivindicación de todo lo mejorable, desde el asfaltado de calles, la consecución de colegios, centros deportivos, ambulatorios suficientes y dignos etc. Es a partir de todo esto que se va configurando lo que luego, ya en la democracia seria el programa electoral municipal del PSUC, que acabo en una mayoría absoluta del PSUC y la consecución de la alcaldía de muchos de los pueblos de la comarca, empezando por Cornellà. Se trabaja en las Asociaciones de Vecinos pero también en los Centros Culturales y se comienza a edificar, a conformar una sociedad civil, cada vez más consciente de sus intereses, de sus necesidades, con un horizonte claro con unos objetivos que coincidían con las propuestas que se trabajaban, se presentaban por todo este elenco de personas comprometidas, y esto en todos los pueblos de la comarca, desde el Prat a Molins o Viladecans o Sant Feliu o simplemente Cornellà que diría que actuó como centro y motor de toda la zona y comarca.

Un papel importante que jugaron las comisiones de Barrios fue el de constituir un gran grupo con una capacidad de ser eco de todas las luchas obreras que se iban realizando en todas nuestras localidades; caja de resonancia de estas luchas, participando en todas las movilizaciones paralelas a las luchas de las empresas y caja de solidaridad a todos los niveles con los trabajadores en lucha ya fuera por la negociación de los convenios de empresa, o provinciales o contra los despidos que pudieran darse en cualquier otra.

Los sectores que estaban radicados en las empresas participaron junto con las CCOO, unas veces con posturas más o menos parecidas, con métodos, en principio, bastante distintos, aunque los objetivos eran los mismos, pero considero que llegando siempre a acuerdos y no frenando nunca las posibles luchas. Se dieron situaciones conflictivas en muchas empresas pequeñas que estaban representadas muchas veces por jóvenes a veces sin experiencia pero que lo suplían con el ardor propio de su juventud. Todo esto fue sumando y sumando y se empezó a tener la sensación de que había muchas posibilidades de movilizar a mucha gente:

La organización convocaba frecuentemente manifestaciones, las que llamábamos “encuadradas”, que consistían en reunir en una calle o zona determinada a un número importante de su gente, hacer un pequeño recorrido en manifestación, con los gritos de rigor, tirada de propaganda, etc. Para cuando llegaba la policía la manifestación ya se había disuelto, y se habían conseguido los objetivos: informar a la gente, expresar nuestro descontento con la dictadura y hacer entender a la gente que era posible luchar contra la misma. Otras veces los repartos de propaganda se hacían de forma que en el mismo minuto todo el mundo tiraba la propaganda en todos los Barrios del pueblo (se formaban piquetes que tiraban en otros barrios que no fuera el suyo, los de Almeda solíamos tirar en el barrio Centro.)... Este tipo de acciones “relámpago” no solían acabar con detenidos, lo que nos resguardo bastante de la represión, aunque también tuvimos detenciones. Era todo esto como un caldo de cultivo que nos hacia vivir la idea de que realmente podíamos hasta vencer a la dictadura.

El tema del aprovechamiento de los cauces legales utilizado en las empresas, con motivo de las elecciones sindicales permitió que los líderes naturales de las empresas fueran sus representantes legales, superando absolutamente las posibilidades, nulas, que daban de si los medios sindicales de la época: un sindicato único para empresarios y para trabajadores, como si fuera posible unir los contrarios, una cuestión totalmente antinatural, fruto de las mentes calenturientas de los dictadores…

Muchos chavales, muchos y muchas jóvenes se encontraron representando a los compañeros de la fábrica, normalmente mucho mayores que ellos, pero confiando plenamente en sus posibilidades en su criterio, en sus ideas sociales y en definitiva políticas.
Este aprovechamiento de los cauces legales es lo que se utilizo en la vida de los barrios y todo lo que venía unido a ello. En los barrios, la utilización de las entidades, la creación de las Asociaciones de Vecinos, en su caso, la entrada y el compromiso en las entidades culturales fue como una transposición de lo que venia haciéndose en las fábricas. En la situación de dictadura, esta no tenía capacidad de asimilar ni una protesta por el asfaltado de una calle, como nos ocurrió en el barrio de la Gabarra de Cornellà cuando la Asociación, en proceso de legalización convoco junto con los vecinos de una zona del barrio con problemas fuertes de alumbrado: Se quería ir al Ayuntamiento con los vecinos para negociar con el Ayuntamiento la solución y cuando nos quisimos dar cuenta estaba totalmente tomado por la Policía: Bajamos una comisión y mientras los vecinos se quedaron dando vueltas con velas alrededor de sus viviendas...

En el año 1974, lo que nos ocurrió al principio cuando nos planteamos que para gestionar todo ese movimiento necesitábamos una organización política, se volvió a reproducir así que ahora tuvimos que replantearnos un paso más: El día a día, la lucha codo a codo con los compañeros de CCOO y del PSUC fue haciendo que las coincidencias cada vez fuesen mayores hasta que llego el momento en que no había diferencias apreciables. Nos planteamos que había un espacio, el comunista, que compartíamos entre Bandera Roja y el PSUC (después otros grupos hicieron un proceso parecido) y que la tradición de lucha del PSUC, el prestigio histórico del “partido” ganado a pulso durante toda la posguerra, su lucha incansable y heroica contra la dictadura, denotaban que ese espacio estaba representado especialmente por el partido hermano. Se abrió un proceso interno en el que participo la inmensa mayoría de los afiliados y simpatizantes y aunque al principio se daban muchas dudas y había no solo dudas sino miedo, llegamos a la conclusión de que unir las dos fuerzas, en el caso del Baix Llobregat, podría suponer un crecimiento enorme y nos podría dar la posibilidad de realizar cosas importantes en aquellos tiempos en que ya se veía que el general, el dictador, no iba a durar mucho. El proceso fue bastante ordenado, y, si bien hubo un grupo que se adelanto y se integro directamente en el PSUC, la gran mayoría lo hicimos en bloque y dimos el paso al mismo tiempo. Se hizo una negociación política entre las dos organizaciones y se acordó la unión de las dos organizaciones, integrándose en todos los estamentos políticos y organizativos.

Supongo que así como entre los militantes de Bandera Roja, sobre todo en el principio del proceso, había algún recelo y bastante miedo a no poder seguir desarrollando todo el potencial que habíamos acumulado, entre los militantes del PSUC debió darse algún tipo de reticencia o incluso de rechazo parecido: el haber sido organizaciones claramente diferenciadas trae consigo choques en cuanto a la visión política de los acontecimientos que se iban produciendo, en cuanto al tratamiento que se iba produciendo y/o proponiendo para las distintas situaciones de lucha etc. Oficialmente se dio la unificación y nos integramos yo diría en algo nuevo, en el sentido de que a esas alturas del desarrollo de la lucha, la vieja organización celular del partido no era practica y tuvo que comenzar un tipo de organización más abierto, aun a costa de poder sufrir aun los zarpazos de la represión, que hasta después de la muerte del dictador se fue produciendo y repitiendo.
Lo que sí es cierto es que la unificación supuso un gran y fuerte crecimiento organizativo y político de la vanguardia obrera y de lucha en aquellos momentos. A la representatividad de las bases de CCOO y del PSUC se unió la juventud de los de las Comisiones de Barrios y Fabricas, jóvenes que habían hecho un proceso de formación política muy importante, grupo con una capacidad de movilización y de agitación también muy considerable y con una implantación también considerable en toda la comarca.

El Baix Llobregat estaba preparado para desarrollar luchas fuertes tanto en el mundo obrero como en el ciudadano, las condiciones favorecían este estallido de luchas de todo tipo, el resto, las Huelgas Generales de la comarca, las luchas por la mejora de los pueblos, el acceso del PSUC a muchas de las alcaldías de la comarca estaba preparado.
Bien es verdad que lo que sube, baja, y así en los años ochenta dio la sensación de que se había dilapidado todo el capital que había costado tanto ganar, pero eso es otra historia.

Benigno Martínez Ojeda
Baix Llobregat
El cinturó roig de Barcelona

PRENSA OBRERA

Entre 1971 y 1974 Comisiones de Barrios y Fábricas del Baix Llobregat editó la publicación Prensa Obrera, haciendo un total de 18 números.

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